La segunda jornada de la Liga de
Campeones tiene varios partidos que ningún aficionado al fútbol se perdería por
nada del mundo. Sentados en el sofá, con la cerveza en la mano y la pizza en el
horno, esperaremos ansiosos el inicio del Galatasaray-Braga. Mañana repetiremos
el proceso para ver el esperado duelo de generadores eléctricos destinados a la
transformación de flujo magnético en electricidad mediante el fenómeno de la
inducción electromagnéstica, generando una corriente continua. Si habéis leído la última frase del tirón sin
ahogaros, estáis preparados para ver el
encuentro de Dinamos. El de Kiev contra el de Zagreb.
Pero esta tarde ya empieza el
espectáculo. Como siempre, los rusos van a la suya y juegan a las seis. Bocata
de nocilla y todo a punto para presenciar el Spartak-Celtic. Ojo con los de
Moscú, que estuvieron a punto de dar la sorpresa en el Camp Nou. Además, ya se
sabe que los escoceses, cuándo salen de su país, hacen la tradicional ronda por
los bares de la ciudad que visitan. Luego les meten cinco y aún se preguntan
por qué.
La Juve recibe el Shakthar del temible
Chygrsinky, el Valencia no puede fallar contra el Lille i el Barça ha viajado
hasta Lisboa para enfrentarse al Benfica. Un partido que perderá toda emoción
después que el águila de los lisboetas diga el resultado antes que el árbitro
silbe el inicio del encuentro.
El Manchester United y el Bayern juegan
en los siempre complicados campos del este. Los ingleses contra el Cluj rumano
y los alemanes contra el BATE. Suerte que este año ningún equipo de la liga
española ha coincidido con los bielorrusos. No por el nivel futbolístico de un
conjunto cuya estrella es Hleb, sino para evitar los titulares de los medios:
“El (nombre del equipo) BATE al Borisov”.
La jornada del miércoles tampoco mejora
el panorama. Se pronostica una victoria fácil del Madrid en Ámsterdam contra un
Ajax que año tras año va a peor. La emoción será ver con qué camiseta sale a
jugar Sergio Ramos. Apuesto que será la de Albiol, para qué una vez al año el
central valenciano pueda ponerla en la lavadora.
La Imserso… perdón, el Milan juega a las
seis en San Petesburgo. En esa ocasión, pero, no porque el partido sea en
Rusia. Pasa que en la residencia milanista la hora de la cena es entre las ocho
y media i las nueve. Y luego para la cama, que ya es tarde.
Porto-PSG, Schalke-Montpellier,
Anderlecht-Málaga y Arsenal-Olympiacos completan la segunda jornada. Si habéis
contado os habréis dado cuenta que faltan partidos. Concretamente, dos (lo
siento si os habéis parado en el último punto para contarlos).
Uno de ellos es el enfrentamiento de
equipos que prometen mucho y, a la hora de la verdad, decepcionan. El Manchester
City-Borussia Dortmund. El año pasado ya lo hicieron. En este,
los de Mancini se dejaron remontar un 1-2 en el Bernabéu y los de Klopp
sufrieron lo que no está escrito para vencer al Ajax.
Y para el final, el Nordsjaelland-Chelsea.
Los daneses pueden dar la campanada, ya que el aburrido juego de los de Di
Matteo se basa en el contraataque y hoy les tocará atacar contra el muro del
Nordsjaelland. Solo hay una cosa segura, el árbitro no sacará tarjetas a los
locales porque le puede pillar algo en los dedos cuándo transcriba los nombres
en el acta.

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